viernes, 7 de octubre de 2016

Sobrefecha 1895/4 en Un Peso de 1895

El 11 de febrero de 1895 se promulgó la ley número 277 del Ministerio de Hacienda, llamada de Conversión Metálica.
Esta ley, entre otras materias, modificó las monedas de oro y plata en circulación hasta ese entonces. En su artículo 13 decía:


Habrá cuatro clases de monedas de plata: una de cien centavos, que se denominará peso; i las otras, de veinte, de diez i de cinco centavos, con la lei de ochocientos treinta i cinco milésimos de fino.
El peso de plata tendrá veinte gramos, la moneda de veinte centavos cuatro gramos, la de diez centavos dos gramos i la de cinco un gramo.[1]


Días más tarde, el 23 de marzo, se hizo un decreto mediante el cual se definían los diseños de las monedas. En cuanto a las de 1 Peso, rezaba lo siguiente:


2º. En las monedas de plata se estampará en el anverso un cóndor, en el reverso una orla de laurel dentro de la cual se escribirá el valor en letras, las palabras “República de Chile”, i el año de la amonedación en cifras.
(…)
4º. El diámetro de las monedas de plata será:
Treinta i cinco milímetros el del peso (…)[2]


El diseño de las monedas de plata es obra del grabador francés Óscar Roty, cuyo nombre se encuentra en la roca sobre la que se posa el cóndor en la forma O. Roty. Junto a él trabajaba Ernest Tasset, cuyo apellido se ubica en letras pequeñas junto a la roca.[3]

Aparentemente las primeras pruebas de estas monedas ya se habían hecho antes de la promulgación de esta ley, motivo por el cual existen piezas de un peso fechadas en 1894, como la mostrada en la Figura 1.

    


Figura 1: Prueba de 1 Peso de 1894. Gentileza de Heritage Auctions (ha.com)


El diseño fue aprobado y se acuñaron monedas de un peso bajo esta ley en los años 1895, 1896 y 1897. Estas monedas han sido clasificadas por Chuaj y Michael[4] bajo el número KM#152.1, donde mencionan además una pieza con la sobrefecha 1895/4, como la mostrada en la Figura 2.

    

Figura 2: Moneda de 1 Peso de 1895 con sobrefecha 1895/4. Colección personal.


La sobrefecha en cuestión sería factible, dado que existieron cuños con la fecha 1894, que pudieron ser reutilizados para fabricar monedas al año siguiente. Sin embargo resulta extraño que el 4 que pareciera existir debajo del 5 sea mucho más alto que el mismo 5, como se puede observar en más detalle en la Figura 3.

Figura 3: Detalle de la Fecha de la moneda de 1 Peso de 1895/4.

Además, si se compara la forma de la aparente sobrefecha con la moneda de 1894, puede apreciarse que los diseños no son del todo coincidentes, lo que puede verse en la Figura 4, donde se superpone la fecha de ambas monedas. Este detalle ya había sido notado por Camilo Campos.[5]

Figura 4: Superposición de fechas de monedas de 1 Peso de 1894 y 1895/4.


Entonces surge la duda de cuál puede ser la explicación de esta aparente sobrefecha. Se podría pensar que pudo existir un cuño distinto fechado en 1894, que fue modificado para tener la fecha 1895, pero como se muestra a continuación, el motivo es otro y mucho más simple.

Observando en detalle otras partes de la moneda, y como se puede ver en la Figura 5, la fecha no es la única parte en la que se encuentra algo inusual. También en la palabra PESO, entre las letras E y S existe un trazo que no debería estar ahí.

 

Figura 5: Detalle de la palabra PESO.

El origen de esos trazos se encuentra al otro lado de la moneda. Si el anverso de la moneda se gira en 180º, y luego esa imagen se refleja horizontalmente, como se muestra en la Figura 6, se obtiene la imagen que se produciría en la moneda si hubiese existido un choque de cuños.

                     

Figura 6: Anverso de la moneda de 1 Peso 1895/4 rotado 180º y reflejado horizontalmente.

Superponiendo luego esta imagen del anverso con una del reverso, se obtiene lo mostrado en la Figura 7, donde se observa que el trazo entre las letras E y S de PESO corresponde al espacio entre la pata derecha del cóndor y su cola, y lo que asemejaba a un número 4 bajo el 5 corresponde en realidad a espacios entre el cuerpo y el ala del cóndor.

  

Figura 7: superposición de anverso y reverso de moneda de 1 Peso 1895/4.



Por lo tanto se concluye que no existe la sobrefecha 1895/4 para las monedas chilenas de 1 Peso, sino que esta pieza corresponde más bien a una falla producida por choque de cuños, aunque como siempre, si es coleccionable o no depende del criterio de cada coleccionista.


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[1] Biblioteca del Congreso Nacional (www.bcn.cl). Ley 277, 11/02/1895.
[2] Biblioteca del Congreso Nacional (www.bcn.cl). Decreto 512, 23/03/1895.
[3] Numismática Chilena (www.numismatica.cl). Comentario de Gamalier Varela.
[4] Chuaj, G.S., Michael, T. 2012. Standard Catalog of World Coins 1801-1900. Krause Publications, 7th Edition.
[5] Campos, C. 2016. Sobrefecha 1 Pso 1895/4 ¿Verdad o Mito? (www.facebook.com/groups/1723590531248729)

lunes, 4 de julio de 2016

Falsificaciones de 1 Peso de 1881

Bastante conocido es ya el hecho de que existen falsificaciones contemporáneas de monedas chilenas antiguas. Algunas de ellas son muy burdas y fácilmente detectables, en cambio otras son de buena calidad.
En esta entrada trataremos sobre 2 falsificaciones distintas de la moneda de 1 Peso de 1881, que si bien un ojo experto podría detectar sin mucha dificultad, podrían engañar a muchos coleccionistas.

El primer caso corresponde a una moneda ofrecida en eBay. La primera foto corresponde a la vendida por el usuario "auruminvest-nw-de", de Alemania, quien la ofrece como réplica, mientras que la segunda fue vendida por el usuario "rubyscoins", de Australia, que indicaba no saber si era genuina o no. Ambos indican un peso de alrededor de 18g.
Esta falsificación puede detectarse por faltarle parte de la gráfila sobre la letra A de REPUBLICA, como se observa en la Figura 1:

Figura 1: Falsificación 1.

La segunda falsificación es ofrecida como copia en aliexpress por varios usuarios. En particular la imagen mostrada en la Figura 2 corresponde a la publicada por "wholesalers", de China. Se puede identificar por una pequeña protuberancia entre las palabras LA y RAZON.

Figura 2: Falsificación 2.

domingo, 5 de junio de 2016

Variantes en monedas de 5 centavos 1901-1919

Realizamos un resumen de las variantes de 5 centavos del periodo 1901-1919 que tenemos en nuestra colección. Se encontraron 4 variantes para 1901, 3 para 1904, 7 para 1906, 5 para 1907, 6 para 1908, 2 para 1915 y 2 para 1919.




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sábado, 4 de junio de 2016

Monedas de 4 y 8 Escudos de 1744

Felipe V fue rey de España desde 1700 hasta 1724, momento en el que abdicó a favor de su hijo Luis I, quien murió 7 meses después, por lo que Felipe V volvió a ser rey desde 1724 hasta su muerte en 1746. Fue este rey quien, en primero de octubre de 1743 firmó la Real Cédula que creaba la Casa de Moneda de Santiago de Chile, cuya administración correspondía a don Francisco García Huidobro.
Entre las primeras gestiones realizadas por García Huidobro en Madrid se encuentra el mandar a grabar los cuños para las monedas, a los que se puso el año de 1744.
Sin embargo, la Casa de Moneda comenzó sus funciones recién en 1749 -ya muerto Felipe V-, por lo que los cuños traídos de España quedaron sin uso.
Las primeras monedas se acuñaron el 10 de septiembre de 1749, correspondiendo a media onza o 4 Escudos de oro con busto de Fernando VI. Estas monedas no resultaron con la perfección deseada, y a juicio del tallador de la Casa, don Manuel de Ortega y Balmaceda, esto podía deberse a dos motivos: el primero que los relieves del retrato eran muy pronunciados para el espesor que tenía el cospel, y el segundo que el volante con el cual se acuñaban las monedas era de madera, y por lo tanto no tenía una rigidez adecuada, lo que ocasionaba que parte de la fuerza necesaria para la acuñación era en realidad absorbida por la madera.
Para determinar cuál era la causa del problema en la acuñación, se optó por acuñar, en forma de prueba, monedas con los cuños traídos de España. Dicha acuñación se llevó a cabo el 20 de septiembre para monedas de 4 y 8 Escudos, y la cantidad fue de cinco o seis piezas. Las monedas resultaron "perfectamente impresas y sin el menor defecto", lo que demostró que el problema era el poco espesor de la moneda.

De dichas monedas no se conoce ningún ejemplar, pero existe una imagen de una impronta en cera de la moneda de 8 Escudos, mostrada en la Figura 1.


Figura 1: Impronta en cera de 8 Escudos de 1744.

En el Museo de Artes Decorativas, en Santiago, existe un ejemplar en plata de una moneda de 4 Escudos de 1744, como se muestra en la Figura 2, sin embargo nos atrevemos a afirmar que es evidentemente falsa, ya que presenta varias características que no concuerdan con la realidad:
1º.- Evidentemente el material utilizado no corresponde.
2º.- El reverso de la moneda es el de Fernando VI y no el de Felipe V.
3º.- No se aprecia la "perfección" obtenida en las pruebas originales.
4º.- El tipo de las letras en el anverso es muy distinto a las usadas en monedas originales.



Figura 2: 4 Escudos de 1744, plata, falsa.


Bibliografía:
Medina, José Toribio. 1902. Las Monedas Chilenas. Imprenta del autor, Santiago de Chile.

Imágenes
Figura 1: Medina, José Toribio. 1902. Las Monedas Chilenas. Imprenta del autor, Santiago de Chile, pág. XCVIII. Pieza Nº1.
Figura 2: Museo de Artes Decorativas N° DE REGISTRO 24-2980, N° DE INVENTARIO 24.89.385

miércoles, 4 de mayo de 2016

Manuel Harbin y la moneda de cobre de 1835

Leyendo sobre la moneda de cobre de 1/2 y 1 centavo (o 1/16 y 1/8 real respectivamente) de 1835 en el trabajo "Las monedas de Chile desde la conquista hasta hoy en día", de Arturo Fontecilla Larraín (1941) encontramos que uno de los impulsores de su creación fue don Manuel Harbin, comerciante español que publicó sus ideas al respecto en el diario El Mercurio de Valparaíso. La fuente utilizada por Fontecilla para redactar esa parte de su trabajo fue el libro "Recuerdos de 30 años" de José Zapiola (1871). Copiamos a continuación el texto completo de este capítulo del libro de Zapiola.



DON MANUEL HARBIN Y LA MONEDA DE COBRE   

Para indicar con exactitud las fechas que vamos a referirnos, habríamos necesitado recurrir a la Biblioteca Nacional: pero al escribir este artículo estábamos en vacaciones. Después de abierta, no hemos estado en disposición de hacerlo; sin embargo, por lo que aquí decimos, pueden buscarse estas fechas.
Advertiremos que casi todo lo que referimos es desconocido del público hasta ahora.

 Hace cuarenta y cinco años, poco más o menos, circula en Chile la moneda de cobre, cambiada últimamente por la de níquel, y es casi seguro de que ninguno de los que la usan saben a quién deben este beneficio, y mucho menos los sacrificios de todo género que costó al autor único de este adelanto.
Hasta esa época los valores que esa moneda representa lo eran por pequños pedazos de plomo, lata o suela, con el sello o nombre de los bodegoneros que la emitían y que eran cambiados por ellos mismos con mucha frecuencia, sin amortizar la que antes habían puesto en circulación.
Estas monedas, ya que es necesario darles este nombre, se llamaban señas o mitades y equivalían a un centavo y medio de nuestra moneda del día: por consiguiente, eran menos divisibles que estas, pues 64, que era la última subdivisión, componían un peso.
La moneda más pequeña de plata era el cuartillo o cuarto de real, que equivalía a tres centavos de la actual. El cuartillo era muy escaso y las mitades solo eran recibidas por los mismos que las sellaban; de suerte que su circulación era muy limitada y acompañada siempre del temor de un cambio de que usaban los bodegoneros a su antojo, y, como hemos dicho, sin amortizar las anteriores, que en este caso quedaban sin valor alguno.

Estos y otros abusos que omitimos hacían muy difíciles las transacciones  al menudeo, siendo, como siempre en estos casos, la victima obligada la clase pobre.
Todo el mundo se quejaba de este desorden, pero nadie indicaba el remedio. Pocos años antes la Municipalidad de Santiago se había dirigido, no recordamos bien si al Congreso o al Gobierno, con este objeto; pero nada se consiguió. Camilo Henríquez y don Manuel Salas escribieron también algo, en los primeros años de la revolución, relativamente a la moneda de cobre, pero sin resultado práctico alguno. El remedio vino, por fin, de donde nadie lo esperaba.

Entre los años de 20 a 24 llegó a Chile, de la República Argentina, don Manuel Harbin, comerciante español, que poco después dio punto a sus negocios por su mal éxito. Sin embargo, no abandonó este país en que se había arruinado. Concurría diariamente al café de Hevia, que por su situación, donde está ahora el palacio arzobispal, y otros motivos, era entonces el más concurrido.
Harbin era buscado por los concurrentes por su genio festivo y por su amena y chistosa conversación. Este café era el teatro de sus prédicas sobre mejoras de toda especie para Santiago; muchas de las que se han efectuado más tarde eran indicadas con empeño por él. Es la primera persona a quien oímos hablar de un túnel frente a la calle de las Agustinas, que debía comunicar la calle de Breton con la parte oriental del Santa Lucía, y, según sus cálculos y combinaciones, la obra costaría una cantidad relativamente pequeña.
Pero nada llamaba tanto su atención y por nada manifestaba más empeño que por persuadir a sus oyentes a poner un pronto remedio a la anarquía que reinaba en la moneda de última clase.

Después de más de dos años de discusión y de haber reducido al silencio a sus contradictores, se convenció de que nada conseguiría si no acudía a la prensa; pero, ¿cómo hacerlo? El no había escrito jamás un artículo de periódico. En Santiago no había más órgano frecuente de publicidad que “El Mercurio de Valparaíso”, que con gran trabajo facilitaba sus columnas a escritores acreditados, y los que esta circunstancia no tenían, acompañaban el valor del escrito, muy subido entonces.
A esto se agrega que ese único diario de Chile tenía muy reducida circulación; pues, fuera de los pocos números que recibía el Gobierno para repartirlos en Santiago y las provincias entre sus empleados, no contaba en la capital con más de doce o quince suscriptores. Dos o tres asistentes obligados y asiduos al mencionado café leían en alta voz, para poner al corriente del contenido de “El Mercurio”, o de algún otro periódico eventual, a los aficionados... Año, más o menos: estamos a fines del tercer decenio de este siglo. Algunos años más tarde (y después de algunos meses de fundado “El Progreso”, primer diario de Santiago), le preguntábamos al señor Sarmiento, su fundador, cuantos suscriptores tenía. Contestó: “Al principio tuvo como 200, pero después han disminuido”.

En esos días la conversación de Harbin se hizo agresiva, sin perdonar ni a las personas que habitualmente lo rodeaban, que no se daban por notificadas, por su conocida buena intención y porque al fin de la perorata había de venir un chiste que pondría a todo el mundo de buen humor.

Poco después apareció en El Mercurio el primer artículo sobre la urgencia de sellar moneda de cobre. Este artículo fue seguido a largos intervalos de otros. Fácilmente se calcula que la intermitencia de estos escritos no tenía otro motivo que los escasísimos recursos del que los escribía, que no era otro que Harbin, a costa de increíbles sacrificios.
No recordamos si encontró contradictores en la prensa, pero sí estamos ciertos de que en el Gobierno los tuvo tenaces y poderosos. Se recordaba lo sucedido algunos años antes en el Perú al emitir esa clase de moneda, sin fijarse en el gran desacierto que en este caso se había cometido, dando a la moneda de cobre un valor excesivamente subido y sin ninguna garantía segura por este exceso en caso de amortización. Harbin, sin embargo, no se desalentaba y tentó un recurso que creyó decisivo: escribió un artículo acompañado de varios modelos, impresos en el mismo diario, de las distintas formas de monedas de cobre usadas en otros países, cuyos ejemplares le fueron facilitados, según recordamos, por el señor don Pedro Lira.
Este artículo también era su último esfuerzo: para pagarlo le fue necesario empeñar su viejo reloj, que lo acompañaba desde su juventud y que no volvió a recobrar...
Nos trae a la memoria este caso al célebre químico que, agotados sus últimos recursos en una operación decisiva, repetida muchas veces, haciendo su última prueba y temeroso de un mal éxito por falta de combustible, arrojo al fuego su catre de madera; con la diferencia de que a éste, una vez acertado su experimento, le aguardaban la gloria y la riqueza, mientras que Harbin solo podía esperar, como sucedió, el olvido...
Poco después el Gobierno se decidió, por fin, a mandar sellar a Europa una cantidad de la mencionada moneda. Harbin habría dado como ya vivido el tiempo que había que aguardar. Por último, después de algunos meses, un día se le ve entrar al café, contra su costumbre, con paso apresurado y con un pequeño envoltorio que levantaba en alto sin pronunciar más palabras que: “¡Ya llegó, ya llegó!”, tirándolo sobre una mesa. Todos se apresuraron a desdoblarlo. Su contenido se reducía a dos monedas de cobre; fue todo el premio de sus sacrificios, un centavo y un medio centavo, nombre que se dio a esa moneda, sin corresponderle, por su valor intrínseco.



No sabemos de quien fue la culpa, pero al recibirse la primera remesa se cayó en cuenta de que el valor de la nueva moneda era casi doble del nominal. Esta ocurrencia obligó al Gobierno a darle más valor; de suerte que un peso lo formaban, en lugar de cien monedas de las grandes, sesenta y cuatro, y el doble de las chicas.
Tenían que pasar más de veinte años para que pensáramos en establecer el sistema decimal, rechazado aún par la nación más rica y comercial del mundo, la Inglaterra, y que, según la experiencia, aún no es comprendido por la generalidad en ninguno de los pueblos en que se ha establecido desde muy atrás.

En una de las obras de Proudhon hemos leído que las dificultades que ofrece este sistema nacen de que es contrario a la naturaleza, que no ejecuta ninguna de sus operaciones por el orden decimal. Esta observación la apoya en numerosos hechos que prueban lo que dice. Antes de Proudhon, Millin había dicho: “El sistema decimal es de tal modo vicioso, que sus denominaciones a veces significan lo contrario de lo que expresan”, etc.

No sobrevivió mucho tiempo el señor Harbin al costoso triunfo de su idea, y no hemos olvidado que murió sumamente pobre y sin haber merecido su memoria ni un triste recuerdo de la prensa. Conservó su carácter hasta sus últimos momentos. Pocos días antes de morir atravesaba la Plaza de Armas la carreta en que llegaba del campo, donde, aunque inútilmente, había buscado la salud. Al ver que se estaba colocando la fuente que ahora la adorna, hizo parar la carreta, y dirigiéndose al que ordenaba el trabajo, le hizo notar, con palabras burlescas, pero cariñosas, el disparate que se cometía, sobre todo por lo desproporcionado de la base, demasiado baja. Tenía razón: esta falta se corrigió más tarde, como todos lo hemos visto.


La carreta se dirigió en seguida...al hospital, donde murió Harbin. sin que lo libraran de esta desgracia la regular fortuna que trajo a Chile ni su honorable conducta. 


Imágenes:
*1/2 Centavo: Ira & Larry Goldberg Auctioneers. Subasta 10, lote 2452.
*1 Centavo: Heritage Auctions. Subasta 231127, lote 64046.

Bibliografía:
*Fontecilla Larraín, Arturo. 1941. Las monedas de Chile desde la conquista hasta hoy en día. Boletín de la Academia Chilena de la Historia, Año VIII, Nº18, pág. 55-56.
*Zapiola, José. 1871. Recuerdos de 30 años. 

lunes, 2 de mayo de 2016

Nueva familia de monedas

Así como desde el año 2009 se comenzó a emitir una nueva familia de billetes en nuestro país, el Banco Central anunció la modificación de los diseños de las monedas de $10, $50, $100 y $500. 

El Presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara junto al Gerente General de dicha institución, Alejandro Zuburchen se reunieron hoy lunes 2 de mayo con la Presidente de la República, Michelle Bachelet y el Ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés para presentarles el proyecto de la emisión de una nueva familia de monedas, que entraría a circulación durante el segundo semestre del 2017.

El objetivo de este proyecto es mejorar la tecnología de las monedas, las que tendrían un costo de fabricación inferior al actual, y tendrán tamaños y pesos diferentes a los actuales.

Cada moneda contará con un diseño propio sobre distintos ámbitos de la vida nacional, representando al conjunto de habitantes del país. El Banco Central dará a conocer mayores detalles sobre el tipo de monedas y sus diseños durante la segunda mitad del 2016.

El hecho de que no se haga mención de las monedas de $1 y $5 pareciera indicar que la sugerencia que hizo el Banco Central al Ministerio de Hacienda de eliminar las dos denominaciones más bajas fue bien recibida y sólo falta tramitar su aprobación.

FUENTES:

lunes, 18 de abril de 2016

Variantes de 1 Real 1844

Algunos coleccionistas han hecho mención a monedas de 1 Real de 1844 con cuatros abiertos y cuatro cerrados. Intentamos verificar esto, y al hacerlo detectamos 3 variantes de la moneda de 1 Real de 1844, que se pueden ver en la Fig. 1.

Fig. 1: Tres variantes de 1 Real de 1844.


Existen dos diferencias principales o más notorias entre estas monedas.
La primera y quizás la más evidente, y que es a la que ya se ha hecho mención, es la forma de los números "4" en la fecha. Las hay unas con los 4 cerrados (Fig. 2a) y otras con los 4 abiertos (Fig. 2b).

Fig. 2: Dos tipografías en la fecha.


La segunda diferencia, también bastante notoria -aunque más difícil de detectar si no se tienen las monedas juntas para compararlas-, es la forma de los laureles. Detectamos 3 tipos distintos (Fig. 3), en donde se aprecian diferencias en las hojas y en los frutos.

Fig. 3: Tres tipos de laureles.

Los números 4 cerrados (Fig. 2a) corresponden al primer tipo de laurel (Fig. 3a), y los 4 abiertos (Fig. 2b) corresponden al segundo y tercer tipo de laureles (Fig. 3b y 3c).


Imágenes:
-Todas las imágenes son propias.